Canción para bañar la luna

Yunuén y a Frida, madre e hija, dos voces con características muy diferentes entre sí.

Hace un par de años tuve la fortuna de conocer a Yune, una gran mujer y amiga que hace de su canto y su música un arma poderosa que se abre paso entre la tradición purépecha y el folclore contemporáneo, con su guitarra y jarana ha conocido y viajado por varios estados de nuestro país y otros países sudamericanos.

Si pudiera describir su voz, es el timbre de una guerrera, una vibración que traspasa la tierra, le da vida al agua y en el aire recorre largas distancias, muy potente, me hace recordar aquellos mensajeros prehispánicos que comunicaban sus mensajes, de la punta de cerro a cerro.

Y qué decir de Frida y su voz, que al igual que la de su madre tiene mucha energía, sin embargo, siempre me ha dado la impresión de que juega con los matices a propósito, como si fuera un avioncito de papel que va planeando sin ningún esfuerzo hasta atravesar nuestros oídos y provocar una catarsis nostálgica y dulce en nuestros cerebros.

Las dos juntas hacen que lo que debería ser una canción “bonita” se convierta en un arrullo donde no existe el tiempo, ni la gravedad, y a veces te hace querer huir porque sabes que algo dentro de ti se moverá y será inevitable ignorar esas emociones generadas.

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Foto: Yunuén Bautista

Jonathan Bejar


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